Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.

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lunes, 11 de diciembre de 2017

¿Qué ha sucedido hoy en relación a Jerusalén?



Texto original: Al-Jumhuriya 

Autor: Colectivo Al-Jumhuriya

Fecha: 11/12/2017



La que ha sucedido no es que el presidente estadounidense y su administración hayan reconocido Jerusalén como capital de Israel, ni el hecho de que sea una desfachatez de cara al pueblo palestino y su relación con la ciudad, que ocupa un lugar central en el nacionalismo palestino contemporáneo, así como en la conciencia islámica y cristiana. Eso no es lo que ha pasado, pues era algo que estaba implícito en la inclinación estructural de la administración estadounidense y el sistema internacional, que viene ya desde después de la Segunda Guerra Mundial, hacia un Estado fundamentado esencialmente sobre la limpieza étnica, y que, a día de hoy, se basa en la discriminación racial. Lo fáctico, más bien, es que las potencias dirigentes del sistema internacional se han despojado totalmente de cualquier pretensión de justicia o de paz, aunque fuera formal, poniendo así fin al lamentable proceso de paz palestino-israelí, y haciendo de la dispersión palestina actual en pequeños reductos aislados y desconectados, el fin de su lucha.

En la vecina Siria, donde la presencia del sistema internacional es aún más directa, el destino palestino se muestra en su máximo esplendor. Lo hace mediante la protección internacional al gobierno asadiano en el Consejo de Seguridad, de una forma que recuerda a la protección de la que goza Israel; mediante el exterminio físico de los revolucionarios sirios que supone la continuación del exterminio político de toda la población, de una forma que recuerda al exterminio político de los palestinos en su tierra; mediante el monopolio asadiano e israelí de las armas de destrucción masiva y el armamento aéreo; y mediante la división de los seres humanos en clases. Esta división implica que solo algunos tienen derecho a la soberanía y a ser reconocidos por parte del sistema internacional, además de tener la capacidad ininterrumpida de matar y mantenerse al margen de toda ley, mientras que, por otra parte, no se reconoce el significado del sufrimiento de comunidades humanas desorientadas, que son despojadas de todos sus derechos e incriminadas por su propia humanidad y su derecho a la vida.

Los sirios han sido palestinizados en ese sentido durante los años posteriores a la revolución, mientras el israelí local, el Estado asadiano, ha seguido gozando de una total impunidad y una flagrante exención de sanciones, al menos desde el pacto químico de septiembre de 2013. Parece que tan brillante éxito invita hoy a cortar el camino en la dirección contraria y asignar a los propios palestinos un trato como el que se da a los sirios, que les niegue el significado y no solo la patria, tal y como puede deducirse de la decisión de Trump. Esta decisión no es la vía adoptada por un presidente que ha perdido el norte, algo de lo que muchos prefieren convencerse, anhelando quizá la llegada de un presidente estadounidense “racional” tras él, que cuide las formas más que el impudente millonario. Por el contrario, su decisión está relacionada con transformaciones estructurales del sistema internacional, que va en la dirección contraria a la democracia en todas partes, y cuya sensibilidad hacia el racismo es ínfima, hasta el punto de que la derecha europea, anunció en una manifestación en Polonia hace unos días un nuevo holocausto, esta vez contra los musulmanes.

Durante cerca de siete años, Siria ha sido terreno de pruebas de algunas de estas transformaciones contrarias a la revolución y a la democracia. Durante estos largos años, las matanzas, incluidas las perpetradas con armas de destrucción masiva, han pasado a ser una política internacional aceptable, como también ha sucedido con la fábrica de tortura y asesinato en las cárceles y sedes de seguridad. Desde este momento, el terreno de pruebas sirio ofrece una serie de precedentes que pueden servir a las potencias internacionales influyentes como base para asesinar a los seres humanos sobrantes y probar nuevas armas, algo de lo que han presumido los responsables rusos en relación a Siria. Si los palestinos se levantan ahora, es mucho más probable que antes que tengan un destino como el de los sirios, apoyado en el precedente asadiano y las transformaciones retrógradas del sistema internacional.

Son dichas transformaciones estructurales las que debemos estudiar y sobre las que debemos reflexionar, además de trabajar para construir políticas liberadoras que las enfrenten. Eso en vez de contentarnos con discursos falsos, chantajistas y escurridizos de resistencia, que nacen constitutivamente de la consideración de todos los habitantes de nuestros países como tontos e ignorantes, personas de quienes es posible reírse mediante discursos de masas como los de Hasan Nasrallah, que dicen que sus esperanzas y dignidad no tienen importancia alguna, y que lo importante es lo que deciden fanáticos dependientes de otros como él. La peor respuesta a la mentira del eje de resistencia, es la resistencia inversa, que responde al chantaje maximalista de la primera, mediante su desprestigio sistemático, dudando de la utilidad y significado de cualquier lucha, y culpando a las víctimas por su irracionalidad, o su escasa razón. Ambos son espacios para el engaño. La verdad se encuentra en otro lugar: en la realidad del exterminio político y físico que está teniendo lugar en Siria, en el despojamiento de los palestinos de la muy importante dimensión moral y simbólica de su patriotismo −tras echar a muchos de ellos de su patria y someter a discriminación racial a los que aún quedan−, y finalmente en la connivencia entre las mafias locales de nuestros países con las ocupaciones y potencias internacionales cada vez más racistas.

Y si hay algún indicio más de la palestinización actual de los sirios, es el “proceso de paz” sirio que imita a su lamentable precedente palestino, y lo supera en inmoralidad, arrogancia y fraudulencia. No se sabe si este proceso se está desarrollando en Ginebra, en Astana o en Sochi, pero sí se fabrican, a ojos de todos, opositores adiestrados, que se afanan en no oponerse en nada a los ocupantes o al asesino local que trabaja a su servicio, mientras quienes defienden los valores de la revolución y la voz de los pobres y desposeídos en el futuro de su país son acusados de extremismo. Este proceso no considera a los sirios más que como ciudadanos de segunda en su país, y funda de facto un régimen israelí en un país bajo diversas ocupaciones, a cuya cabeza está el gobierno hereditario dinástico cuya historia se ha erigido sobre matanzas. Lo que vendrá tras la supuesta paz siria es un sistema de guetos y discriminación racial, y en ningún caso una nueva Siria estable, o la antigua Siria asadiana.

Lo que puede concluirse, a partir de la situación actual de la causa palestina y del destino de las revoluciones árabes, es la necesidad de una nueva generación revolucionaria, un nuevo pensamiento y unas nuevas prácticas liberadoras, que cierren el capítulo de la resistencia y la resistencia inversa, y funden una política basada en el hecho de que toda la población sea dueña de su país y de su destino. Eso es lo que podría constituir un contrafáctico liberador.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Ecos

Texto original: Al-Arabi

Autor: Faraj Bayrakdar

Fecha: 15/09/2015

Con motivo del cuarto aniversario del secuestro de Samira Khalil y sus compañeros, publicamos este poema que se publica hoy simultáneamente en inglés en la página de Al-Jumhuriya.


[Dibujo de Emad Obeid
 incluido en el libro de Samira Khalil, Diario del asedio a Duma 2013, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo]

(A Samira Khalil[1])

Su voz desciende ligeramente, 
por los escalones del sótano, mientras el dolor sigue
en la sala de interrogatorios.
Y ligeramente, yo bajo
esa manta cargada entre dos
que se desvían del camino.
¿Está ella dentro o estoy yo?
Su voz cansada revive con mi cuerpo.
Mi cuerpo cansado revive con su voz.
¿Cómo se reaviva un incendio?
No era ni un estado ni una descripción,
pero yo la invoco de varias maneras.
El eco choca con su aleteo a mi alrededor:
Samira...ra. Samira...ra. Samiraaa.
Un nombre no oprime a su portador si no se quiere,
pero el espacio
es angosto en las salas de tortura de la sede de Palestina.
¿Le habrá oprimido a ella
(es decir, a ellos y ellas, a todos),
la planicie libre de Duma, de párpados rotos?
Su voz se aproxima.
Diviso palomas,
como si: Érase una vez.
 Su voz se aproxima.
 Advierto nubes oscuras.
Como si: Siria vivirá, como sueño y como pueblo, oh tiempo.
Vivirá, oh tiempo.

[1] Samira Khalil es una opositora siria, antigua presa política y activista por la democracia. Fue detenida durante cuatro años (1987-1991) por oponerse al régimen de los Asad. El 9 de diciembre de 2013, fue secuestrada por una facción militar islamista en la ciudad de Duma, cerca de Damasco. Diversos indicios apuntan a que el Ejército del Islam es el principal acusado del secuestro de Samira y otros tres trabajadores en el Centro de Documentación de Violaciones de Siria. Esos tres son: Razan Zaituneh, Wael Hammada y Nazem Hamadi. Se cumplen cuatro años de su secuestro y seguimos sin noticias [N. del autor].

domingo, 27 de agosto de 2017

Cartas a Samira (7)



Texto original: Al-Jumhuriya

Autor: Yassin al-Haj Saleh

Fecha: 27/08/2017




Libertad para Samira Kalil
(Diseño: El pueblo sirio conoce su camino)

Sammur, ¿recuerdas que estaba a punto de mudarme a mi primera casa en Estambul? Entré en ella cuatro días después de tu secuestro y estuve unos 21 meses en ella. Llevo unos dos años en otra casa. Ambas son relativamente amplias, más o menos como nuestra casa en Qudsiya, así que siempre puedo alojar a una pareja y, si es necesario, a tres personas. Ambas están amuebladas y las conseguí gracias a amigos y no por medio de agencias inmobiliarias. En este sentido, no he tenido que hacer frente a las dificultades a las que se enfrentan la mayor parte de los sirios, tanto familias como jóvenes independientes.

Ambas son viviendas, pero no hogares, Sammur. Resido en ellas como si fuera  un estudiante universitario en una ciudad desconocida, donde tengo libros, ropa y dos ordenadores. También tengo dos cuadros tuyos, y regalos que te he comprado en las ciudades que he visitado o que me han enviado amigos. Eras tú quien hacía de las residencias en las que vivíamos en Qudsiya, hogares. En tu ausencia, he vuelto a ser el salvaje itinerante que era antes.

Sin embargo, he podido trabajar en condiciones adecuadas en ambas casas en Estambul. El trabajo no solo me ha ayudado a soportar tu ausencia, Sammur, sino que también me ha ayudado a mantenerme equilibrado (espero no estar muy equivocado en esto) y con una salud razonable. He tenido muchísima ayuda de amigos y amigas, sirios y turcos. Sin ellos, la situación sería incomparablemente más difícil. Son compañeros de trabajo y de causa, y de otros aspectos de la vida cotidiana. 

Los sirios, que son cerca de 400.000 en Estambul, residen en barrios muy diversos: los pobres en barrios más pobres; los que trabajan, más o menos cerca de su lugar de trabajo; los conservadores, en barrios conservadores; los y las jóvenes independientes de clase media, en barrios “cosmopolitas”, donde vive gente como ellos, turcos y extranjeros. La primera casa en la que viví estaba en un complejo residencial en un barrio de clase media; la segunda está en un barrio un poco más popular, aunque es mixto. Lo gracioso es que la primera casa era de una mujer turca, novelista y profesora de yoga, que vive en EEUU; la segunda, es de una mujer estadounidense que vive en Turquía.

Sigo sin conocer más que un poquito de Estambul, Sammur. La ciudad es enorme y tiene 18 millones de habitantes. Incluso a quienes han nacido en ella les cuestas conocer algunas de sus zonas y barrios, así que imagina cuando son extranjeros que vienen a una edad relativamente tardía. Apenas he encontrado tiempo para dedicarlo a pasear por la ciudad o incluso visitar sus grandes hitos. Mis amigos y yo mismo me reprueban el hecho de que no habría visitado Santa Sofía, ni la Mezquita Azul, ni la cisterna si no hubiera sido por la visita de Farouk Mardam Bey, el amigo al que no había conocido en persona hasta que vino a Estambul. Acompañé al querido Farouk, que ama el turismo histórico, y que lee sobre lo que visita antes de visitarlo, en sus paseos en sus dos visitas a Estambul. Farouk, que vive en Francia desde hace más de medio siglo, fue mi guía en la ciudad en la que vivo hace cerca de cuatro años.

La cisterna es un enorme contenedor de agua bajo el suelo, y fue lo que más me gustó de la ciudad antigua. Fue construida en el siglo VI d.C. para proveer a la ciudad de agua en tiempo de asedio (te lo ruego, Sammur, no tomes mis datos arqueológicos como algo contrastado y correcto). En el contenedor hay ingentes columnas de piedra. La base de dos de ellas son cabezas de Medusa, un ser mitológico femenino cuyo pelo está conformado por serpientes agitadas. La leyenda dice que quien la mira se convierte en piedra. En ese lugar la costumbre es que los visitantes lancen una moneda y deseen algo desde el corazón.

Lancé la moneda, y no deseé otra cosa que tu regreso sana y salva, Sammur. Mis lágrimas corrieron en esa pieza arquitectónica húmeda y oscura como suelen hacer, y el noble Farouk hizo como si no hubiera visto nada.

La zona que más conozco de Estambul es Taksim, el corazón de la parte europea de la ciudad. Taksim (en turco se pronuncia con kaf y no con qaf como en árabe[1]) es el nombre de una gran plaza tomado del sistema de reparto de agua por los barrios de la ciudad en otros tiempos. En la plaza hay una estatua de Mustafa Kemal Atatürk con uniforme militar entre un grupo de guerreros y líderes militares. Las imágenes y estatuas de Atatürk están por todo Estambul y Turquía, Sammur, pero no he visto que sus estatuas sean tan desagradables como las estatuas de Hafez al-Asad. En sus imágenes y estatuas parece “el conquistador”, pues ese es su apodo, en posición de actuación, enfrascado en alguna acción, como puede ser bebiendo arak. De verdad que tiene imágenes en las que bebe arak y lo cierto es que este bebedor murió de cirrosis antes de cumplir los sesenta. Frente a ello, Hafe, aparece siempre congelado en sus estatuas, como “un coco” que alienta el miedo de los sirios, y cuyo único propósito era provocar pánico y paralizar la voluntad de los gobernados atemorizados por una autoridad que se ama a sí misma hasta ese nivel. Aún más, las estatuas de Atatürk se levantaron tras su muerte, mientras que Hafez fue quien repartió copias de sí mismo por todas partes en la desgraciada Siria. Lo más importante, Sammur, es que es muy habitual ver estatuas de Atatürk rodeado de gente, mientras que, como sabes, Hafez siempre estaba solo consigo mismo en todas sus estatuas. Observando sus estatus, Hafez ejercía la autoridad del déspota único cuya esencia es el miedo. Por su parte, Atatürk, que fue un gobernante nacionalista y autoritario, cuyo régimen cometió muchos crímenes, aparece, a pesar de todo, practicando la vida.

La plaza de Taksim se parece a una especie de lago del que nace una calle muy conocida de Estambul: la calle Istiklal. Es de veras un río de gente, y en especial las tardes de viernes y sábados (los festivos semanales en Turquía son el sábado y el domingo), cuando se calcula que pasan por dicha calle tres millones de personas en un día. En mis primeros días y meses en Estambul solía gustarme esa calle, y en especial, ver a las chicas (ligeras de ropa en verano) y los chicos trasnochando hasta altas horas en el fin de semana en bares y restaurantes esparcidos por la calle Istiklal. Istiklal me parecía la calle del amor y los jóvenes. Ahora parece más una calle comercial, en la que no se ha detenido el río humano que discurre por ella. Pararse es poco deseable, por no decir que es casi imposible. En la calle no hay cafeterías ni bares populares, ni salas de cine, ni centros culturales que los peatones puedan ver o hacerles detenerse. Hay tiendas de ropa, algunas de marcas conocidas internacionalmente, y restaurantes de comida rápida, pero no para sentarse. También hay restaurantes de comida turca que se ve desde fuera, lo que permite elegir los platos que se desean y llevarlos en una bandeja a una mesa en el interior.

No obstante, la abarrotada calle Istiklal es famosa por la música callejera, incluidos músicos sirios que cantan, con sus instrumentos, canciones populares sirias y árabes, y a los que los viandantes dan algo de dinero. Mi impresión es que los músicos sirios son queridos y a su alrededor se concentra más público que en otros casos. Los que los rodean a veces son árabes, que los graban y disfrutan con sus canciones. Hay grupos de música muy diversos, incluidos algunos de Perú con trajes indios típicos: no llevan una pluma en la cabeza, sino ¡toda una corona de plumas!

Los músicos son los únicos que hacen que la gente se detenga un instante y reducen la velocidad de movimiento de la abarrotada calle que conduce a la gente como por carretera. Si la calle Istiklal fuera un poco más lenta, sería mucho más bella.

En todo momento escuchas árabe en las calles, especialmente árabe sirio, y en verano escuchas y ves a muchos turistas del Golfo y de Líbano.

En las calles que salen de Istiklal hay más vida: cafeterías, bares, restaurantes, y mesas en las aceras. Las escenas de jóvenes sentados en las cafeterías, tomando cervezas y té, están llenas de vida y alegría. El conocido café turco, que se llama así también en la propia Turquía y en Europa, no merece la fama que tiene ni el nombre del café en mi opinión. Yo digo que se come, pero no se bebe, pues es denso y la mitad son posos. Nuestro café sirio sabe mejor en mi opinión, y por supuesto, el mejor café era el que yo te preparaba: lo ponía en el agua fría y esperaba que entrara en ebullición a fuego lo más lento posible durante bastante tiempo.

En estas pocas calles que conozco he paseado y pensado en ti, Sammur, y te he descrito en mi interior lo que veía. Me he sentado solo o con amigos, pero estabas presente en mi mente y entre nosotros en todo momento.

Estás también conmigo cuando cruzo el Bósforo hacia la orilla asiática. Allí también hay zonas que se parecen a Taksim, como la zona de Kadiköy (Qariat al-Qadi, la aldea del juez), que conozco algo menos que Taksim, pero que parece menos comercial que la calle Istiklal, y con un ritmo menos frenético. Ahí se encuentran los mejores restaurantes de pescado. Parece que los artistas, jóvenes, y grupos culturales variados (teatro, grupos musicales, exposiciones artísticas) prefieren esa parte de la orilla asiática a Taksim en la zona europea.

Hay tres puentes que unen las orillas asiática y europea, pero prefiero moverme en los barcos que salen cada media hora desde más de un punto. El trayecto dura unos quince minutos y la ciudad, en sus pliegues, se ve muy bella y vacía la mente.

Espero que podamos pasear pronto por todos esos lugares juntos, Sammur.

Besos, corazón mío. Solo cuídate, por favor.

Yassin

[1] Taqsim significa repartir o dividir en árabe.